El mundo está empobreciendo, EU y Canadá están empobreciendo, o sea, México también. Sinaloa está empobreciendo y este pueblo donde usted vive también. De todos modos el 20% de la gente es más rica que usted y el 80% es más pobre que usted.
Desde el crack de principios de siglo, que Bush nunca pudo levantar, hasta el fraude depresivo en la bolsa que le dejó como regalo a Obama en 2008, la economía y el empleo han estado cada día peor.
Obama ha declarado una congelación de gastos en la Casa Blanca, incluyendo la suspensión de aumentos al personal. Nadie cree que sea suficiente.
Los países ricos en Cancún seguirán sin hacer nada para detener el trastorno ecológico ni el desastre económico global; y los ricos del pueblo seguirán comportándose como si su riqueza no tuviera fin.
La opulencia de los ricos y de sus émulos seguirá funcionando ciegamente hasta que a cada santo le llegue su infiernito: su quiebra y su pobreza. ¿Los pobres? Pobres: seguirán pobres.
Pero los clase-medieros, los pequeños burgueses que no tienen medios de producción, cuyo mercado se ha abatido llevándose al hoyo negro sus aspiraciones de telenovela, sufrirán vergüenzas intolerables; ya no podrán cubrir las deudas impuestas para poder viajar en el tren de vida que vivían, y deberán abandonarlo todo.
Una vez pasada la pena, la agresividad los invadirá de pronto donde menos lo desean: en su casa, entre sus seres queridos. La violencia obsesiva aparecerá día a día con más frecuencia, más fuerza y mayor culpa. Las depresiones que el frío y la Navidad traen consigo se multiplicarán y las quiebras no serán solo económicas sino también afectivas.
¿Le parece feo? No he dibujado ni la mitad de los horrores que el empobrecer introduce en la vida, especialmente cuando la vivimos engañándonos.
Las consecuencias serán irreparables si usted no toma ahora el timón del barco y se refugia en un pequeño puerto, pobre pero seguro, donde sí pueda alimentar y dar abrigo a sus hijos y a usted mismo, mientras pasa el otro año de vacas flacas.
No es eterno, pero lleva tiempo; se puede reparar, pero duele componerlo; necesita primero pasar por la pena de reconocer su realidad: Usted no es miembro del club del 20% de los más ricos. Salga de ahí.
Es aritmética simple: Si egresan 10 e ingresan 5, la quiebra es inevitable; de nada sirve negarlo.
Reduzca a la mitad el gasto, empobrezca, si es necesario cambie esa casa, ese auto y toda deuda que pesa como piedra de Pípila sobre los miembros de su familia, pierda “sus cosas”.
Pensándolo bien... Escoja: O pierde sus cosas y su falso status social, o pierde la mejor parte de su vida: la que no se puede comprar.
http://jperezrobles.wordpress.com/blog; PB101130Empobrecer.docx; 19:10; 2304Car.
martes, 30 de noviembre de 2010
lunes, 29 de noviembre de 2010
Creyeron - 29NOV10
Lo que sucede es que creyeron que la infalibilidad democrática la daba el éxito de la bolsa de valores.
Lo que pasa es que creyeron que eran los líderes de la democracia por ser los líderes de la guerra.
Creyeron que la democracia se lograba entregando los puestos de gobierno a los hombres más experimentados... ¡en hacer negocios!
Creyeron que bastaba con decir que cada cual tenga su changarro; que el federalismo era que cada estado hiciera la mapachada que le diera la gana; que la libertad de prensa era dejar que los medios creyeran que ellos decidían quién ganaba una elección.
Creyeron que bastaba con combatir la corrupción en los lugares pobres y no en los ricos donde la estadística de la impunidad es baja porque ahí el delito de cuello blanco es el que reina; mientras que en los lugares pobres los pobres van a la cárcel por cualquier cosa y los ricos compran un juez con cualquier cosa, excepto cuando haya una motivación política de por medio, porque ahí sí todo mundo es ‘legal’ hasta la ignominia.
Ellos creían que la democracia era simplemente establecer las propias normas nacionales de protección ambiental e ignorar las propuestas desesperadas de los países del resto del mundo; o que la democracia era solo crear un Consejo de Seguridad de la ONU hecho con los triunfadores de una guerra mundial antifascista y vieja.
Se imaginaron que la democracia era prometer literalmente a todo el globo tener unos jeans, una tele, un carro y una computadora con Internet; pero dejaron concentrar la riqueza y solo unos cuantos pueden.
Pensaron que democracia era inundar al mundo con su moneda y exterminar a las otras; que la democracia era ‘dompear’ al mundo con sus granos, quebrar a los productores y luego controlar el precio desde la bolsa de Chicago.
Creyeron que la democracia tenía que ser el dominio sobre el mundo, ser el pueblo elegido, tener un destino manifiesto y el terror nuclear exclusivo para acabar con la raza humana de un botonazo.
Creyeron que la democracia era ser optimista, perseguir el sueño de grandeza personal y organizar a todo el país (y al resto del mundo) de acuerdo a una sola concepción de globalización: la de ellos.
Pobres, ellos creyeron que no necesitaban dudar de su honestidad electoral, que no necesitaban de los organismos electorales ciudadanos que sus pobres vecinos tienen, que la sospecha política era la semilla del demonio metida en la conciencia de la gente por los enemigos del ‘american way of life’.
Ahora la elección de EU está atorada en Florida bajo sospecha de corrupción electoral del gobernador Bush hermano del candidato Bush.
Pensándolo bien… Olvidaron la cosmovisión amplia de la sabiduría popular: “No todo lo que brilla es oro, ni todo lo amarillo es caca”. [JPR, PB, 2000-11-27]
http://jperezrobles.wordpress.com; PB101129Creyeron.docx ;17:47;2400Car.
Lo que pasa es que creyeron que eran los líderes de la democracia por ser los líderes de la guerra.
Creyeron que la democracia se lograba entregando los puestos de gobierno a los hombres más experimentados... ¡en hacer negocios!
Creyeron que bastaba con decir que cada cual tenga su changarro; que el federalismo era que cada estado hiciera la mapachada que le diera la gana; que la libertad de prensa era dejar que los medios creyeran que ellos decidían quién ganaba una elección.
Creyeron que bastaba con combatir la corrupción en los lugares pobres y no en los ricos donde la estadística de la impunidad es baja porque ahí el delito de cuello blanco es el que reina; mientras que en los lugares pobres los pobres van a la cárcel por cualquier cosa y los ricos compran un juez con cualquier cosa, excepto cuando haya una motivación política de por medio, porque ahí sí todo mundo es ‘legal’ hasta la ignominia.
Ellos creían que la democracia era simplemente establecer las propias normas nacionales de protección ambiental e ignorar las propuestas desesperadas de los países del resto del mundo; o que la democracia era solo crear un Consejo de Seguridad de la ONU hecho con los triunfadores de una guerra mundial antifascista y vieja.
Se imaginaron que la democracia era prometer literalmente a todo el globo tener unos jeans, una tele, un carro y una computadora con Internet; pero dejaron concentrar la riqueza y solo unos cuantos pueden.
Pensaron que democracia era inundar al mundo con su moneda y exterminar a las otras; que la democracia era ‘dompear’ al mundo con sus granos, quebrar a los productores y luego controlar el precio desde la bolsa de Chicago.
Creyeron que la democracia tenía que ser el dominio sobre el mundo, ser el pueblo elegido, tener un destino manifiesto y el terror nuclear exclusivo para acabar con la raza humana de un botonazo.
Creyeron que la democracia era ser optimista, perseguir el sueño de grandeza personal y organizar a todo el país (y al resto del mundo) de acuerdo a una sola concepción de globalización: la de ellos.
Pobres, ellos creyeron que no necesitaban dudar de su honestidad electoral, que no necesitaban de los organismos electorales ciudadanos que sus pobres vecinos tienen, que la sospecha política era la semilla del demonio metida en la conciencia de la gente por los enemigos del ‘american way of life’.
Ahora la elección de EU está atorada en Florida bajo sospecha de corrupción electoral del gobernador Bush hermano del candidato Bush.
Pensándolo bien… Olvidaron la cosmovisión amplia de la sabiduría popular: “No todo lo que brilla es oro, ni todo lo amarillo es caca”. [JPR, PB, 2000-11-27]
http://jperezrobles.wordpress.com; PB101129Creyeron.docx ;17:47;2400Car.
domingo, 28 de noviembre de 2010
Envidia, por Joseph Epstein (VC) - 27NOV10
Una malevolencia silenciosa, una hostilidad fría y secreta, un deseo impotente, un rencor oculto y mortificante... Todos estos elementos componen el núcleo de la envidia. Según Joseph Epstein, la envidia nubla el pensamiento, quebranta la generosidad, rompe cualquier vestigio de paz y acaba marchitando el corazón. De los siete pecados capitales, concluye, la envidia es el único que no tiene nada de divertido.
Adoptando un estilo coloquial, erudito y desmitificador que arroja luz sobre su propio pensamiento, Epstein realiza un recorrido estimulante por las múltiples facetas de la envidia. Evalúa lo que los grandes pensadores --como Schopenhauer, Nietzsche y John Rawls-- han escrito sobre la envidia; distingue entre envidia, anhelo, celos, resentimiento y schadenfreude («un árbol perenne en el descuidado jardín de las emociones amargas») y elabora una lista de cosas susceptibles de envidia, como la riqueza, la belleza, el poder, el talento, el conocimiento y la inteligencia, la buena suerte y la juventud (o, como reza el título del capítulo que Epstein dedica a la juventud, «Los jóvenes: que Dios los maldiga»).
Pero también analiza el resentimiento académico, que produce una envidia mezclada con excentricidad, atizada por la impotencia y proyectada sobre un telón de fondo de injusticia cósmica; ofrece una lúcida lectura de Otelo, considerando la envidia de Ïago más relevante que los celos del protagonista; y señala que la envidia contiene una gran concentración de malevolencia, porque el envidioso quiere destruir la felicidad de los demás. Así, apunta que la envidia del éxito de los judíos en Alemania y Austria pudo ser el desencadenante del virulento antisemitismo de los nazis.
Como ya se hizo patente en otro de sus libros, ‘Snobbery’ (‘Soberbia’), Joseph Epstein tiene una capacidad inimitable para analizar nuestros defectos de un modo reflexivo, provocativo y ágil.
Aunque la envidia no sea divertida, la ‘Envidia’ de Epstein es, sin duda, un texto de lectura absorbente. [www.libreriapaidos.com/libros/6/844931712.asp]
http://jperezrobles.wordpress.com; VC101127EnvidiaEpstein.docx;13:02;1871 Car.
Adoptando un estilo coloquial, erudito y desmitificador que arroja luz sobre su propio pensamiento, Epstein realiza un recorrido estimulante por las múltiples facetas de la envidia. Evalúa lo que los grandes pensadores --como Schopenhauer, Nietzsche y John Rawls-- han escrito sobre la envidia; distingue entre envidia, anhelo, celos, resentimiento y schadenfreude («un árbol perenne en el descuidado jardín de las emociones amargas») y elabora una lista de cosas susceptibles de envidia, como la riqueza, la belleza, el poder, el talento, el conocimiento y la inteligencia, la buena suerte y la juventud (o, como reza el título del capítulo que Epstein dedica a la juventud, «Los jóvenes: que Dios los maldiga»).
Pero también analiza el resentimiento académico, que produce una envidia mezclada con excentricidad, atizada por la impotencia y proyectada sobre un telón de fondo de injusticia cósmica; ofrece una lúcida lectura de Otelo, considerando la envidia de Ïago más relevante que los celos del protagonista; y señala que la envidia contiene una gran concentración de malevolencia, porque el envidioso quiere destruir la felicidad de los demás. Así, apunta que la envidia del éxito de los judíos en Alemania y Austria pudo ser el desencadenante del virulento antisemitismo de los nazis.
Como ya se hizo patente en otro de sus libros, ‘Snobbery’ (‘Soberbia’), Joseph Epstein tiene una capacidad inimitable para analizar nuestros defectos de un modo reflexivo, provocativo y ágil.
Aunque la envidia no sea divertida, la ‘Envidia’ de Epstein es, sin duda, un texto de lectura absorbente. [www.libreriapaidos.com/libros/6/844931712.asp]
http://jperezrobles.wordpress.com; VC101127EnvidiaEpstein.docx;13:02;1871 Car.
Celos e Idilio (VC) - 27NOV10
Los celos aparecen el mismo día que Dios pone Orden en el Universo y saca del paraíso lactante, orinante y zurrante a ese bebé que creía estar todavía en la placenta durante su primer año de vida; y obliga a la madre a imponer el primer mandamiento: “Controlarás tu esfínter con el sudor de tu ‘asterisco’”.
Ese fue el fin del idilio conocido como la díada madre-hijo del primer año de vida. Un amor incondicional donde el o la bebé lo obtiene todo de esa extensión suya que es la mamá y que está ahí para satisfacer todos sus deseos, todos; “Su mirada es un lago espejo, donde me veo como Narciso: la cosa más bella y más amada del mundo. Nadie más que yo”.
Todo eso termina ahí, y empieza el aprendizaje de una realidad antes ocultada: la lengua materna; el saber que Yo y mamá somos dos cosas distintas; el negar y mentir; la entrada en escena de papá: para ellos, como una amenaza de castración: el primer rival de su vida y la fundación del primer sentimiento de celos; para ellas, la aparición de un nuevo objeto amoroso hacia quien giran su atención y fundan nada menos que la primera infidelidad.
Esto obliga a pensar que los celos (“Mi objeto amoroso obtiene placer de una fuente que no soy yo”) son un descubrimiento masculino y la infidelidad (“Mi objeto amoroso informal me atrae tanto o más que mi objeto amoroso formal”) es un descubrimiento femenino, ambos en el desarrollo psicosexual primario.
La pregunta inmediata sería ¿por qué entonces las mujeres se muestran más celosas y los hombres más infieles en la adultez, si el origen es inverso?
Una respuesta posible es (a): ambos mienten. La otra es (b): ambos se mienten a sí mismos. La tercera es (c): tanto (a) como (b).
La mejor respuesta posible se inscribe por supuesto en la ubicación histórica de los celos y la infidelidad.
Así como en el desarrollo de las habilidades de conquista y seducción que se aprendieron en la infancia de los adultos cercanos y luego se probaron y erraron durante la pubertad y la adolescencia, las actitudes infieles y celosas de hombres y mujeres han pasado por diferentes determinantes culturales a lo largo de la historia de la civilización desde el fin de la endogamia y la prohibición del incesto cavernario.
La fidelidad de Penélope a Ulises sólo puede aparecer en la mitología por su imposibilidad intrínseca en la realidad. Las infidelidades de Don Juan y Casanova serán puestas en cuestión no sólo por los ofendidos celosos sino por toda la literatura subsecuente.
La sabiduría popular las disfruta como fantasía, pero en el fondo no se las cree.
La respuesta más seria es que si usted observa las fases siguientes del desarrollo, se dará cuenta de que los celos y la infidelidad originales infantiles sufren una transformación en los siguientes años.
Ambos parten de la apropiación de sus objetos amorosos: normalmente la madre para el niño y el padre para la niña; pero tal apropiación pasa por la prohibición del incesto, que no es poca cosa, y el proyecto tendrá qué ser abandonado al crecer lo suficiente para ir a la escuela y cuando todo su sistema psicofísico esté centrado en el aprendizaje, más que en el intento de organizar sus polimorfas parcialidades eróticas tan inquietantes a los ojos de la tía Gertrudis. Ahí se instala el Súper YO, las buenas costumbres morales y todo mundo tranquilo.
Bueno, al menos mientras aparece la pubertad.
Pero eso es otra historia...
http://jperezrobles.wordpress.com; VC101127CelosIdilio.docx ;12:58;2916Car
Ese fue el fin del idilio conocido como la díada madre-hijo del primer año de vida. Un amor incondicional donde el o la bebé lo obtiene todo de esa extensión suya que es la mamá y que está ahí para satisfacer todos sus deseos, todos; “Su mirada es un lago espejo, donde me veo como Narciso: la cosa más bella y más amada del mundo. Nadie más que yo”.
Todo eso termina ahí, y empieza el aprendizaje de una realidad antes ocultada: la lengua materna; el saber que Yo y mamá somos dos cosas distintas; el negar y mentir; la entrada en escena de papá: para ellos, como una amenaza de castración: el primer rival de su vida y la fundación del primer sentimiento de celos; para ellas, la aparición de un nuevo objeto amoroso hacia quien giran su atención y fundan nada menos que la primera infidelidad.
Esto obliga a pensar que los celos (“Mi objeto amoroso obtiene placer de una fuente que no soy yo”) son un descubrimiento masculino y la infidelidad (“Mi objeto amoroso informal me atrae tanto o más que mi objeto amoroso formal”) es un descubrimiento femenino, ambos en el desarrollo psicosexual primario.
La pregunta inmediata sería ¿por qué entonces las mujeres se muestran más celosas y los hombres más infieles en la adultez, si el origen es inverso?
Una respuesta posible es (a): ambos mienten. La otra es (b): ambos se mienten a sí mismos. La tercera es (c): tanto (a) como (b).
La mejor respuesta posible se inscribe por supuesto en la ubicación histórica de los celos y la infidelidad.
Así como en el desarrollo de las habilidades de conquista y seducción que se aprendieron en la infancia de los adultos cercanos y luego se probaron y erraron durante la pubertad y la adolescencia, las actitudes infieles y celosas de hombres y mujeres han pasado por diferentes determinantes culturales a lo largo de la historia de la civilización desde el fin de la endogamia y la prohibición del incesto cavernario.
La fidelidad de Penélope a Ulises sólo puede aparecer en la mitología por su imposibilidad intrínseca en la realidad. Las infidelidades de Don Juan y Casanova serán puestas en cuestión no sólo por los ofendidos celosos sino por toda la literatura subsecuente.
La sabiduría popular las disfruta como fantasía, pero en el fondo no se las cree.
La respuesta más seria es que si usted observa las fases siguientes del desarrollo, se dará cuenta de que los celos y la infidelidad originales infantiles sufren una transformación en los siguientes años.
Ambos parten de la apropiación de sus objetos amorosos: normalmente la madre para el niño y el padre para la niña; pero tal apropiación pasa por la prohibición del incesto, que no es poca cosa, y el proyecto tendrá qué ser abandonado al crecer lo suficiente para ir a la escuela y cuando todo su sistema psicofísico esté centrado en el aprendizaje, más que en el intento de organizar sus polimorfas parcialidades eróticas tan inquietantes a los ojos de la tía Gertrudis. Ahí se instala el Súper YO, las buenas costumbres morales y todo mundo tranquilo.
Bueno, al menos mientras aparece la pubertad.
Pero eso es otra historia...
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Celos estadísticos (VC) - 27NOV10
“Si usted está sola y buscando pareja y no quiere pelear constantemente con su media naranja por problemas de celos, los científicos le recomiendan que no elija un brasileño. El equipo de investigadores de la Universidad de Sunderland, en el Reino Unido, descubrió (entre otras cosas) que los brasileños son los hombres más celosos del planeta, los japoneses los menos celosos y que los suecos (hombres y mujeres por igual) son los más preocupados por el sexo.
“Es común afirmar que los hombres son más proclives a los celos por motivos sexuales corporales y que las mujeres, en cambio, tienden a sentirse celosas si sus parejas establecen lazos emocionales con otras mujeres. Los psicólogos no han establecido aún si esto es natural (inherente al sexo) o es mayormente una influencia cultural.
“El estudio efectuado en Sunderland cree que lo natural es más importante. Según este equipo, los hombres quieren saber si su rival era ‘bueno en la cama’, mientras que las mujeres preguntan si su pareja está enamorada de la otra mujer. Quienes favorecen la teoría de que los celos son parte de la naturaleza humana creen que esto puede ser así porque los hombres nunca tienen la certeza absoluta de que su hij@ es realmente su hij@ [como las mujeres]; de lo que se desprende que no quieran que su mujer tenga relaciones sexuales con otro hombre. Y la mujer, como invierte tanto tiempo y energía en gestar y criar un niño, no quiere perder el tiempo con una pareja que se enamora de otra mujer.” [BBCMundo.com, 2003-07-08]
Los celos, esta emoción implícita en toda relación afectiva, esa sensación de estómago revuelto, de locura temporal, de rabia primitiva, de ganas de matar, de deseo de venganza... es la principal causa de la separación de las parejas; y podríamos decir que de todo tipo de pareja: heterosexual, homosexual, fraternal, amistosa, intelectual, política, deportiva, empresarial... cualquiera.
El fenómeno opera cuando “mi objeto amoroso obtiene placer de una fuente que no soy yo”; y las causas más profundas yacen donde los instintos básicos opuestos (agresivos y eróticos) se confunden en un abrazo que impide discernir entre uno y el otro.
Pero los celos ¿son amor o son odio? La respuesta obvia es que son ambas cosas. Además los celos son un asunto de poder y pasan por la propiedad. Desde la era cavernaria, el líder del clan posee el poder sobre las mujeres de la cueva. La ley del padre no tarda en expulsar a los hombres más jóvenes que lo amenazan y Edipo confirma así al incesto como la prohibición por excelencia de la civilización.
Por tanto, se da la exogamia: los hombres deberán salir de la cueva a escoger a su pareja de otra cueva, alguien que ‘ni de la familia es’, que tiene otra manera de ver el mundo y con ella deberá formar la nueva célula de reproducción de la especie.
Pasarán milenios antes de que la monogamia arribe a la moral de la propiedad.
En todo caso, la pareja está sobredeterminada por un acto de apropiación y los sentimientos de celos asociados a tal propiedad dependen de lo que la amenace.
Por supuesto, la aproximación antropológica y psicoanalítica a los celos no son las únicas posibles, pero dejaremos a las otras maneras de estudiarlo para después.
Por lo pronto, de acuerdo con la encuesta: los brasileños hacen demasiado tango, los japoneses mienten y los suecos cayeron en su propia trampa.
http://jperezrobles.wordpress.com; VC101127Celos.docx ;12:55;2883Car
“Es común afirmar que los hombres son más proclives a los celos por motivos sexuales corporales y que las mujeres, en cambio, tienden a sentirse celosas si sus parejas establecen lazos emocionales con otras mujeres. Los psicólogos no han establecido aún si esto es natural (inherente al sexo) o es mayormente una influencia cultural.
“El estudio efectuado en Sunderland cree que lo natural es más importante. Según este equipo, los hombres quieren saber si su rival era ‘bueno en la cama’, mientras que las mujeres preguntan si su pareja está enamorada de la otra mujer. Quienes favorecen la teoría de que los celos son parte de la naturaleza humana creen que esto puede ser así porque los hombres nunca tienen la certeza absoluta de que su hij@ es realmente su hij@ [como las mujeres]; de lo que se desprende que no quieran que su mujer tenga relaciones sexuales con otro hombre. Y la mujer, como invierte tanto tiempo y energía en gestar y criar un niño, no quiere perder el tiempo con una pareja que se enamora de otra mujer.” [BBCMundo.com, 2003-07-08]
Los celos, esta emoción implícita en toda relación afectiva, esa sensación de estómago revuelto, de locura temporal, de rabia primitiva, de ganas de matar, de deseo de venganza... es la principal causa de la separación de las parejas; y podríamos decir que de todo tipo de pareja: heterosexual, homosexual, fraternal, amistosa, intelectual, política, deportiva, empresarial... cualquiera.
El fenómeno opera cuando “mi objeto amoroso obtiene placer de una fuente que no soy yo”; y las causas más profundas yacen donde los instintos básicos opuestos (agresivos y eróticos) se confunden en un abrazo que impide discernir entre uno y el otro.
Pero los celos ¿son amor o son odio? La respuesta obvia es que son ambas cosas. Además los celos son un asunto de poder y pasan por la propiedad. Desde la era cavernaria, el líder del clan posee el poder sobre las mujeres de la cueva. La ley del padre no tarda en expulsar a los hombres más jóvenes que lo amenazan y Edipo confirma así al incesto como la prohibición por excelencia de la civilización.
Por tanto, se da la exogamia: los hombres deberán salir de la cueva a escoger a su pareja de otra cueva, alguien que ‘ni de la familia es’, que tiene otra manera de ver el mundo y con ella deberá formar la nueva célula de reproducción de la especie.
Pasarán milenios antes de que la monogamia arribe a la moral de la propiedad.
En todo caso, la pareja está sobredeterminada por un acto de apropiación y los sentimientos de celos asociados a tal propiedad dependen de lo que la amenace.
Por supuesto, la aproximación antropológica y psicoanalítica a los celos no son las únicas posibles, pero dejaremos a las otras maneras de estudiarlo para después.
Por lo pronto, de acuerdo con la encuesta: los brasileños hacen demasiado tango, los japoneses mienten y los suecos cayeron en su propia trampa.
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Envidia (VC) - 27NOV10
Es uno de los componentes más perniciosos del deseo.
Las formas de la envidia pueden ser las más simples y primitivas versiones de la agresión, curiosamente está relacionada con el objeto amoroso al que considera como parte del espacio vital, como parte de la propiedad territorial, como parte de la posesión patrimonial; o pueden ser formas sublimadas (elaboradas) que transfieren el sentimiento primitivo a los símbolos civilizados del éxito de otros; como son las posesiones materiales, la fama, la riqueza o cualquier forma de poder adquirido en el desarrollo individual o grupal.
La envidia aparece desde la configuración del triángulo madre-padre-hijo(a), luego se reproduce en la fratría o el grupo de los hermanos, por las diferencias de los sexos, del lugar que se ocupa en la escalera de las edades, y del desarrollo de la inteligencia individual que produce logros y reconocimientos familiares y sociales diferentes entre sí.
La envidia, como puede sospecharse, acompaña (aunque no determine) a toda lucha ideológica o de clase que se presente en las formaciones sociales de todo tipo. El concepto de poder no se puede entender sin la sombra de la envidia que lo acompaña.
En el trabajo diario, la envidia urbana está en toda la carrera masiva por el ascenso y la envidia en el campo hace tantos siglos que se mueve entre agricultores y ganaderos, que el pasaje bíblico de Caín y Abel representa el primer caso registrado de la civilización judeo-cristiana.
Lo que llamamos “la política” en tono peyorativo, como algo deleznable y repudiable, es la politiquería: es la lucha a codazos, alianzas imposibles y traiciones increíbles por pasar al frente de las oportunidades. La “grilla” es un concepto que alude a la envidia no muy bien escondida en la mezcla de estas construcciones.
Ningún sujeto carece de envidia sentida en sus relaciones hacia otros, así como nadie está libre de ser objeto de envidia de parte del otro o los otros.
Con la envidia pasa igual que con los celos, que han terminando siendo un caso particular de la envidia: No hay más que de dos tipos de envidiosos: los que lo son, y los que lo niegan.
La diferencia entre la envidia y los celos es que la envidia, por ser un producto de la cultura, algo más alejado del instinto territorial de origen animal, puede ser enmascarada por los mecanismos de adaptación social del sujeto, como una estrategia de supervivencia en grupo. La envidia puede hasta negarse, aunque ya nadie se crea tal negación, dado que es la esencia de lo “socialmente correcto”: todo mundo tiene qué aceptarla para conservar las relaciones de colaboración y competencia.
El acuerdo social sería: “Yo acepto que tú NO me envidias, a cambio de que tú aceptes que yo NO te envidio”. Y así se logra seguir la fiesta en paz: desde el nivel individual más íntimo, hasta el nivel de política internacional más amplio.
Así será hasta que la fiesta termine o se interrumpa porque una de las partes observe objetivamente, o simplemente ‘sienta’ paranoicamente que el otro haya roto el acuerdo ‘políticamente correcto’.
Las motivaciones o movimientos emocionales internos de la envidia siempre son justificados. Siempre se encuentran ahí afuera las razones que expliquen su existencia. El disfraz favorito de la envidia denunciada es siempre “la justicia”.
Lo que en medio de las envidias que se dan en la lucha por el poder político se llama fraude, en los tribunales electorales se llamará justicia.
Lo que durante mucho tiempo jugó un papel soterrado y tolerado por la envidia en el mercado negro del dinero lavado, se convirtió en una infiltración corrupta de los envidiados sistemas políticos y financieros que representan al poder real del globo y en la asociación de los países ricos que ahora forman una parte inocultable de la culpa de las crisis masivas mundiales.
O sea, la envidia no es un asunto pequeño, no es un chiste de color amarillo o verde de envidia, no es algo que aparecía solamente cuando abríamos los paquetes bajo el arbolito y veíamos que la muñeca era más chica o la pista de carritos menos ancha; la envidia está ahí en todas las formas de la agresión cotidiana, como fantasma invisible que tiene repercusiones en toda la civilización humana.
De ahí que el tema principal de muchas organizaciones monacales de diferentes religiones sea primordialmente la humildad contra la soberbia, la fraternidad contra la rivalidad, y llaman a dar amor en lugar de demandarlo, a poner cristianamente la otra mejilla ante la violencia, a guardar silencio budista zen para desactivar la agresión, a la meditación yoga contra la violencia del otro y la propia, al rezo obsesivo cantado como reloj humano y al martirio islámico.
Pero la envidia, junto con las demás pasiones salvajes, sigue ahí en el alma humana, a pesar de sus avances filosóficos, científicos o religiosos.
Cada vez peor en la medida que no se reconozca en lo profundo. No con un reconocimiento superficial y medio tramposo, como el de un pecado que vuelve a aparecer cada semana después de profundos estados de arrepentimiento, creyendo que con eso se le da gusto a Dios, que de seguro tiene muy buen sentido del humor, porque el engañado es al fin de cuentas el adicto a su pecado.
O sea, me engaño a mí mismo haciéndome creer que en mí ya no aparecerá la envidia, porque ya la lloré, la enterré, y prometí y decreté que esta es la última vez que la envidia corroe mi alma. Ajá.
La negación es el más eficaz de los mecanismos de defensa, hace desaparecer el malestar inmediatamente como por arte de magia: “Abracadabra” y la envidia desaparece. La culpa desaparece. Me siento bien.
El único problema es que como todos los demás movimientos del alma, o sea, como todas las emociones, mientras menos se reconozcan, se vuelven más perniciosas, fuertes y peligrosas. Es como atravesar la selva negando que haya víboras, como navegar el mar y negar que pueda haber tormentas o volar negando que se den turbulencias.
La única vía para vérselas con el malestar que provocan las pasiones es reconociendo mis emociones no deseadas o mis deseos prohibidos antes de apuntar con el dedo a las mismas pasiones reconocidas pero habitando al otro.
Insistimos aquí como siempre: no con la intención de desaparecer las pasiones y los deseos prohibidos para siempre, sino buscando cómo vivir con ellos adentro porque, me guste o no, serán mis compañeros de viaje por el resto de mi vida.
La envidia no es excepción.
Así que puede usted continuar envidiando a quienes dicen que no sufren de envidia porque lo tienen todo, que están completos y realizados o que son buenos musulmanes o budistas o muy buenos cristianos.
Tal envidia será gratuita, o sea inútil, porque no existe ni medio ser humano siquiera que tenga resuelta su vida así, ni de ninguna otra manera.
http://jperezrobles.wordpress.com; VC101127Envidia.docx;12:47;5733 Car.
Las formas de la envidia pueden ser las más simples y primitivas versiones de la agresión, curiosamente está relacionada con el objeto amoroso al que considera como parte del espacio vital, como parte de la propiedad territorial, como parte de la posesión patrimonial; o pueden ser formas sublimadas (elaboradas) que transfieren el sentimiento primitivo a los símbolos civilizados del éxito de otros; como son las posesiones materiales, la fama, la riqueza o cualquier forma de poder adquirido en el desarrollo individual o grupal.
La envidia aparece desde la configuración del triángulo madre-padre-hijo(a), luego se reproduce en la fratría o el grupo de los hermanos, por las diferencias de los sexos, del lugar que se ocupa en la escalera de las edades, y del desarrollo de la inteligencia individual que produce logros y reconocimientos familiares y sociales diferentes entre sí.
La envidia, como puede sospecharse, acompaña (aunque no determine) a toda lucha ideológica o de clase que se presente en las formaciones sociales de todo tipo. El concepto de poder no se puede entender sin la sombra de la envidia que lo acompaña.
En el trabajo diario, la envidia urbana está en toda la carrera masiva por el ascenso y la envidia en el campo hace tantos siglos que se mueve entre agricultores y ganaderos, que el pasaje bíblico de Caín y Abel representa el primer caso registrado de la civilización judeo-cristiana.
Lo que llamamos “la política” en tono peyorativo, como algo deleznable y repudiable, es la politiquería: es la lucha a codazos, alianzas imposibles y traiciones increíbles por pasar al frente de las oportunidades. La “grilla” es un concepto que alude a la envidia no muy bien escondida en la mezcla de estas construcciones.
Ningún sujeto carece de envidia sentida en sus relaciones hacia otros, así como nadie está libre de ser objeto de envidia de parte del otro o los otros.
Con la envidia pasa igual que con los celos, que han terminando siendo un caso particular de la envidia: No hay más que de dos tipos de envidiosos: los que lo son, y los que lo niegan.
La diferencia entre la envidia y los celos es que la envidia, por ser un producto de la cultura, algo más alejado del instinto territorial de origen animal, puede ser enmascarada por los mecanismos de adaptación social del sujeto, como una estrategia de supervivencia en grupo. La envidia puede hasta negarse, aunque ya nadie se crea tal negación, dado que es la esencia de lo “socialmente correcto”: todo mundo tiene qué aceptarla para conservar las relaciones de colaboración y competencia.
El acuerdo social sería: “Yo acepto que tú NO me envidias, a cambio de que tú aceptes que yo NO te envidio”. Y así se logra seguir la fiesta en paz: desde el nivel individual más íntimo, hasta el nivel de política internacional más amplio.
Así será hasta que la fiesta termine o se interrumpa porque una de las partes observe objetivamente, o simplemente ‘sienta’ paranoicamente que el otro haya roto el acuerdo ‘políticamente correcto’.
Las motivaciones o movimientos emocionales internos de la envidia siempre son justificados. Siempre se encuentran ahí afuera las razones que expliquen su existencia. El disfraz favorito de la envidia denunciada es siempre “la justicia”.
Lo que en medio de las envidias que se dan en la lucha por el poder político se llama fraude, en los tribunales electorales se llamará justicia.
Lo que durante mucho tiempo jugó un papel soterrado y tolerado por la envidia en el mercado negro del dinero lavado, se convirtió en una infiltración corrupta de los envidiados sistemas políticos y financieros que representan al poder real del globo y en la asociación de los países ricos que ahora forman una parte inocultable de la culpa de las crisis masivas mundiales.
O sea, la envidia no es un asunto pequeño, no es un chiste de color amarillo o verde de envidia, no es algo que aparecía solamente cuando abríamos los paquetes bajo el arbolito y veíamos que la muñeca era más chica o la pista de carritos menos ancha; la envidia está ahí en todas las formas de la agresión cotidiana, como fantasma invisible que tiene repercusiones en toda la civilización humana.
De ahí que el tema principal de muchas organizaciones monacales de diferentes religiones sea primordialmente la humildad contra la soberbia, la fraternidad contra la rivalidad, y llaman a dar amor en lugar de demandarlo, a poner cristianamente la otra mejilla ante la violencia, a guardar silencio budista zen para desactivar la agresión, a la meditación yoga contra la violencia del otro y la propia, al rezo obsesivo cantado como reloj humano y al martirio islámico.
Pero la envidia, junto con las demás pasiones salvajes, sigue ahí en el alma humana, a pesar de sus avances filosóficos, científicos o religiosos.
Cada vez peor en la medida que no se reconozca en lo profundo. No con un reconocimiento superficial y medio tramposo, como el de un pecado que vuelve a aparecer cada semana después de profundos estados de arrepentimiento, creyendo que con eso se le da gusto a Dios, que de seguro tiene muy buen sentido del humor, porque el engañado es al fin de cuentas el adicto a su pecado.
O sea, me engaño a mí mismo haciéndome creer que en mí ya no aparecerá la envidia, porque ya la lloré, la enterré, y prometí y decreté que esta es la última vez que la envidia corroe mi alma. Ajá.
La negación es el más eficaz de los mecanismos de defensa, hace desaparecer el malestar inmediatamente como por arte de magia: “Abracadabra” y la envidia desaparece. La culpa desaparece. Me siento bien.
El único problema es que como todos los demás movimientos del alma, o sea, como todas las emociones, mientras menos se reconozcan, se vuelven más perniciosas, fuertes y peligrosas. Es como atravesar la selva negando que haya víboras, como navegar el mar y negar que pueda haber tormentas o volar negando que se den turbulencias.
La única vía para vérselas con el malestar que provocan las pasiones es reconociendo mis emociones no deseadas o mis deseos prohibidos antes de apuntar con el dedo a las mismas pasiones reconocidas pero habitando al otro.
Insistimos aquí como siempre: no con la intención de desaparecer las pasiones y los deseos prohibidos para siempre, sino buscando cómo vivir con ellos adentro porque, me guste o no, serán mis compañeros de viaje por el resto de mi vida.
La envidia no es excepción.
Así que puede usted continuar envidiando a quienes dicen que no sufren de envidia porque lo tienen todo, que están completos y realizados o que son buenos musulmanes o budistas o muy buenos cristianos.
Tal envidia será gratuita, o sea inútil, porque no existe ni medio ser humano siquiera que tenga resuelta su vida así, ni de ninguna otra manera.
http://jperezrobles.wordpress.com; VC101127Envidia.docx;12:47;5733 Car.
Celos y Envidia - 26NOV10(pm)
En la estructura de los celos debe haber tres personas involucradas como mínimo. La envidia solo necesita dos.
En los celos el sujeto desea lo que el objeto desea y quiere ser incluido, no excluido. Empezó cuando fue sacado del cuarto con todo y cuna y se le mandó a su propio cuarto; continuó cuando una puerta cerrada lo/la dejaba como tercero/a excluido/a; y termina cuando sale al mundo a formar su propia pareja, donde pretenderá repetir todo el ciclo desde una nueva perspectiva del triángulo que se repite cada generación.
El envidioso no quiere tanto el auto último modelo del vecino, lo que quiere es rayarlo. La envidia no es excluyente, es destructiva y ya. Es un asunto mío, y se socializa solo entre yo y otro, con quien puedo o no tener una relación. La envidia no necesita triángulo.
Los celos dividen a la humanidad en dos: los que son celosos y los que lo niegan. El asunto es que los celos son diferentes dependiendo de su intensidad: (1) Los celos infantiles y su correlato en la adultez son generalmente soportados en silencio por la persona que los siente; no necesariamente los expresa; (2) los celos culturalmente impuestos, como en el machismo, o los heredados durante la formación de carácter en familia, se tienen que expresar y pueden ser un problema, pero no es irresoluble; (3) los celos patológicos son como la paranoia y la perversión: difícilmente tienen remedio; si no llegan a la separación, terminan en demencia, en violencia, o en ambas.
En los casos ‘normales’ de celos hay sufrimiento, pero en los peores casos es un infierno; en todo caso, lo único que puede sacar a la persona celosa de su miseria espiritual, es su capacidad para reemplazar la actuación obsesiva celosa con un buen grado de autonomía basada en la construcción de recursos intelectuales que produzcan un Yo independiente con amor a sí mismo. (Quien le diga que eso es fácil, le miente).
Los celos pueden partir de un simple acto de apropiación del objeto amoroso, con o sin su consentimiento; y si se dejan progresar conducen a una relación sadomasoquista destinada a sacrificar al amor en nombre de una fidelidad frustrante y frustrada.
Pensándolo bien... O sea: Una pareja perfecta... y vacía.
http://jperezrobles.spaces.live.com/ ; PM101126CelosEnvid.docx ;12:38;1945Car
En los celos el sujeto desea lo que el objeto desea y quiere ser incluido, no excluido. Empezó cuando fue sacado del cuarto con todo y cuna y se le mandó a su propio cuarto; continuó cuando una puerta cerrada lo/la dejaba como tercero/a excluido/a; y termina cuando sale al mundo a formar su propia pareja, donde pretenderá repetir todo el ciclo desde una nueva perspectiva del triángulo que se repite cada generación.
El envidioso no quiere tanto el auto último modelo del vecino, lo que quiere es rayarlo. La envidia no es excluyente, es destructiva y ya. Es un asunto mío, y se socializa solo entre yo y otro, con quien puedo o no tener una relación. La envidia no necesita triángulo.
Los celos dividen a la humanidad en dos: los que son celosos y los que lo niegan. El asunto es que los celos son diferentes dependiendo de su intensidad: (1) Los celos infantiles y su correlato en la adultez son generalmente soportados en silencio por la persona que los siente; no necesariamente los expresa; (2) los celos culturalmente impuestos, como en el machismo, o los heredados durante la formación de carácter en familia, se tienen que expresar y pueden ser un problema, pero no es irresoluble; (3) los celos patológicos son como la paranoia y la perversión: difícilmente tienen remedio; si no llegan a la separación, terminan en demencia, en violencia, o en ambas.
En los casos ‘normales’ de celos hay sufrimiento, pero en los peores casos es un infierno; en todo caso, lo único que puede sacar a la persona celosa de su miseria espiritual, es su capacidad para reemplazar la actuación obsesiva celosa con un buen grado de autonomía basada en la construcción de recursos intelectuales que produzcan un Yo independiente con amor a sí mismo. (Quien le diga que eso es fácil, le miente).
Los celos pueden partir de un simple acto de apropiación del objeto amoroso, con o sin su consentimiento; y si se dejan progresar conducen a una relación sadomasoquista destinada a sacrificar al amor en nombre de una fidelidad frustrante y frustrada.
Pensándolo bien... O sea: Una pareja perfecta... y vacía.
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